Tipos de hormigonera: cuánto amasa de verdad y qué se avería
La cifra que lleva una hormigonera en el nombre no significa lo mismo en todos los catálogos, y la que decide el trabajo —la que amasa— casi nunca es esa. De ahí salen la mitad de las compras equivocadas.
Una hormigonera con cuba de 160 litros amasa entre 120 y 140, nunca 160: la capacidad útil de masa va del 74 % al 88 % del volumen de la cuba según el fabricante. Las familias se separan por motor —eléctrico monofásico de 230 V, trifásico, de gasolina o toma de fuerza de tractor— y por transmisión, que es donde se decide el mantenimiento: corona y piñón engrasados a la vista, o correa con motorreductor cerrado.
Cuánto amasa de verdad una cuba de 160 litros y cuánta hace falta por metro de solera
La cifra que da nombre a la máquina es casi siempre la de la cuba, y la cuba no se llena hasta el borde. Lo que amasa va en otra línea de la ficha —capacidad útil de masa, o capacidad de amasado— y siempre es menor. El material tiene que caer y voltearse dentro para mezclarse: si va lleno, se sale por la boca.
Ese descuento no es un porcentaje fijo, y ahí está la trampa. En las fichas de fabricante va del 74 % al 88 % de la cuba, así que dos máquinas del mismo tamaño aparente rinden distinto. Hay dos hormigoneras con cuba de 160 litros que amasan 140 y 120 respectivamente: veinte litros de diferencia con la misma cuba, que en una jornada de solera son dos amasadas enteras.
Y hay una segunda cifra que engaña todavía más: la del nombre comercial. Unos fabricantes bautizan la máquina por la cuba y otros por la masa útil, así que una «de 250» puede ser una cuba de 340 litros y 310 kilos, y una «de 260» puede amasar 230. Hay que leer las dos cifras juntas, siempre.
Con la amasada real en la mano, lo demás es una multiplicación. Un metro cuadrado de solera de 10 centímetros son 100 litros de hormigón; a 12 centímetros, 120. Así que una amasada de 120 litros cubre 1,2 metros cuadrados y no hay forma de que cubra más: el manual del fabricante lo escribe con esas palabras, no sobrepasar la capacidad útil de masa indicada en la máquina.
| Cuba | Amasada real | Del total | Solera de 10 cm por vuelta | Dónde encaja |
|---|---|---|---|---|
| 150 l | 130 l | 87 % | 1,3 m² | Reforma de interior y mortero de albañilería. Pesa 64 kg: entre dos sube a la furgoneta |
| 160 l | 140 l | 88 % | 1,4 m² | Mortero a diario con un monofásico pequeño, de 0,75 CV |
| 160 l | 120 l | 75 % | 1,2 m² | Misma cuba y veinte litros menos: aquí se ve que el nombre no basta |
| 170 l | 150 l | 88 % | 1,5 m² | Obra pequeña con dos personas cargando. Pesa 84 kg |
| 260 l | 230 l | 88 % | 2,3 m² | Reformas encadenadas y jornadas enteras amasando |
| 340 l | 250 l | 74 % | 2,5 m² | Obra con acopio a pie de máquina. Pesa 310 kg y va remolcada por su lanza |
Los pares cuba/amasada salen de fichas y manuales de fabricante. Los metros cuadrados salen de dividir la amasada entre los 100 litros que pide un metro cuadrado a 10 centímetros.
Eléctrica, de gasolina o de toma de fuerza: qué decide la obra donde va a estar
El motor no se elige por preferencia: lo elige el sitio donde va a trabajar la máquina y lo que hay enchufado allí. Conviene resolver esta parte antes que la capacidad, porque una hormigonera que no arranca donde estás no amasa ni un litro.
La eléctrica monofásica de 230 V es la de casi toda la obra pequeña y la única que entra en una toma corriente. Las compactas se mueven entre 0,3 y 1,1 kW. A partir de un motor de 3 CV —2,2 kW— el manual ya fija la instalación: magnetotérmico de curva motor de 15 A, diferencial de 40 A y 300 mA, y conductor de 2,5 mm² hasta 50 metros de manguera.
La trifásica de 400 V es la de la máquina grande y trae una comprobación que la monofásica no tiene: el sentido de giro. Se conecta en estrella a 380 voltios y en triángulo a 220, y la primera vez hay que mirar si la cuba gira hacia donde apunta la flecha grabada en la corona. Si va al revés, se invierten dos fases.
La de gasolina existe para la obra sin corriente: la parcela sin acometida, el camino, la reforma con el cuadro todavía sin dar de alta. El motor habitual es de 163 centímetros cúbicos con reductora, y llega con dos condiciones que no admiten interpretación: se emplea únicamente en exterior o en un emplazamiento tan ventilado que pueda considerarse exterior, y no se toca en caliente.
La de toma de fuerza no lleva motor propio: la mueve el cardán del tractor. Es la de la finca y la obra dispersa, donde el tractor ya está y la corriente no llega. Una de estas amasa 280 litros en una cuba de 340 girando a 23 revoluciones por minuto, que es el ritmo normal de una hormigonera: las eléctricas trabajan entre 24 y 27.
Antes de decidirCasi todos los fabricantes venden también la máquina sin motor, y esa opción cambia quién responde de la seguridad. La completa llega con declaración CE de conformidad; la que va sin motor, con declaración de incorporación, y la legislación responsabiliza del montaje al que monta. Si no lo va a montar un especialista, esa no es tu máquina.
Qué hormigonera le sirve a un albañil autónomo, a una empresa de reformas y a una constructora
Con la amasada real clara y el motor decidido, quedan tres cosas que separan un perfil de otro: cuánto hormigón haces al día, cómo mueves la máquina y cuánto sitio tienes para plantarla.
Al autónomo le sirve la compacta de 150 a 170 litros de cuba, y el motivo es el peso: entre 54 y 84 kilos, o sea que dos personas la suben a la furgoneta y una la mueve por la obra con sus ruedas. Amasa de 120 a 150 litros por vuelta, metro y medio de solera. Para recrecidos, mortero de albañilería y reforma de interior sobra.
A la empresa de reformas que gasta mortero todos los días le compensa subir a la cuba de 260. No es por la solera, es por el número de vueltas: con 230 litros por amasada resuelves en nueve lo que la pequeña hace en diecisiete, y cada vuelta se paga en tiempo de carga y de vaciado. Diecisiete arranques y diecisiete volteos a mano se notan a media mañana.
A la constructora la decisión le cambia de sitio. La grande de 340 o 400 litros de cuba amasa 250 o 300, pesa hasta 315 kilos y se descarga con medios mecánicos o se remolca por su lanza. Deja de ser una herramienta que va y viene en la furgoneta: es un puesto de trabajo que se monta una vez y se queda donde está.
Hay un dato que casi nadie mira antes de comprar y que después decide dónde se puede poner: el manual pide suelo horizontal, un metro libre contra una pared y 80 centímetros junto a otra máquina. En el patio de una reforma entre medianeras eso no siempre existe.
Los cinco datos que hay que llevar apuntados
- Los metros y el espesor.De ahí sale el volumen —superficie por espesor— y de ahí el número de amasadas, que es lo que dura la jornada.
- La corriente que hay.Monofásica de 230, trifásica de 400 o ninguna. Y la longitud de manguera, que decide la sección del conductor.
- Cómo se mueve.Si sube a la furgoneta, si va remolcada o si se queda fija. El peso está en la ficha: de 54 a 315 kilos.
- Qué vas a amasar.Hormigón y mortero. El manual acota el uso previsto y deja fuera cualquier otro producto.
- El sitio.Suelo horizontal, un metro a la pared, 80 centímetros a la máquina de al lado, y sitio para el acopio y el agua.
Corona y piñón o transmisión por engranaje: qué cambia en el mantenimiento
Lo que hace girar la cuba es una de dos cosas, y los fabricantes separan sus catálogos por ahí. La que te toque decide el mantenimiento de los próximos diez años.
La corona y el piñón son la solución clásica: un aro dentado solidario a la cuba y un piñón cónico que lo empuja. Se ve desde fuera, se limpia desde fuera y hay que engrasarlo. El manual lo escribe sin rodeos: mantener el piñón y la corona perfectamente limpios y engrasados y, si aparece arena entre los dientes, eliminarla en el momento.
La arena es el enemigo real y llega sola. Cada carga lanza árido fuera de la cuba y una parte cae justo en la corona; ahí, revuelta con la grasa, se convierte en pasta abrasiva y se come el diente vuelta tras vuelta. De esa mezcla sale la avería clásica de la máquina, y no se arregla: se sustituye.
Hay dos gestos de limpieza que suelen hacerse mal y que cuestan la corona. Uno es golpear la cuba para desprender el hormigón fraguado, que abolla la chapa y llega a deformar la propia corona. El otro es engrasar de más, que no protege nada y acaba desbordando por los retenes. La cuba se limpia girando con agua y descargando, y eso se hace a diario, no el viernes.
La transmisión directa con motorreductor reparte el trabajo de otra manera. El engranaje va cerrado y engrasado de fábrica, la pieza que se vigila es la correa, y quien fabrica así lo vende justo por eso: reduce el mantenimiento y quita el ruido propio de las transmisiones de engranajes. En las máquinas grandes la correa también está, con dos correas trapeciales entre la polea del motor y la de la cuba.
Revisar esa tensión lleva cinco minutos y es de lo más rentable que se hace en una hormigonera: se aflojan los cuatro tornillos del motor, se desliza el motor por sus guías hasta tensar y se aprieta. Con la máquina parada y desenchufada, y el resguardo de poleas otra vez en su sitio.
En la prácticaUna máquina de corona a la vista pide un minuto de manguera al final del día y grasa cada cierto tiempo. Una de transmisión cerrada pide revisar la tensión de la correa. Ninguna pide nada complicado, pero las dos piden algo: la que no lo recibe acaba en el taller.
Qué se rompe antes en una hormigonera y qué recambio hay que poder pedir
El catálogo de recambios de un fabricante es la lista de averías más honesta que existe: si una pieza se vende suelta es porque se rompe. En hormigoneras esa lista es corta y siempre la misma —corona, correa, motor, interruptor y pala de mezcla—, y eso son buenas noticias: cinco piezas de desgaste conocidas son una máquina reparable.
La pregunta que hay que hacer antes de comprar no es cuánto dura, sino de dónde sale el recambio el día que falte: una máquina parada con la obra en marcha cuesta bastante más que la pieza. Conviene saber, con ella delante y antes de pagar, de qué está hecha la corona —hay de fundición y hay de plástico—, qué correa monta y quién la abre cuando toque.
Y hay una letra pequeña que casi nadie lee y que se activa justo el peor día. La garantía del fabricante decae si se montan piezas que no son de origen, si repara alguien no autorizado o si la tensión de alimentación no alcanza los límites que pide la máquina. Traducido: el enchufe flojo del cuadro no solo hace que arranque mal, también deja la garantía fuera de juego.
Esa lista corta también sirve para revisar una máquina de segunda mano sin adivinar. Se gira la cuba a mano con el motor parado y se escucha; se mira el diente de la corona al trasluz; se aprieta la correa con el pulgar; y se comprueba que están la placa, el manual y la declaración CE, que es lo primero que desaparece.
| Pieza que falla | Cómo avisa | Qué recambio se pide |
|---|---|---|
| Corona de la cuba | Tirones al girar, ruido metálico seco y dientes redondeados que se ven a contraluz | Corona completa y, con ella, el piñón: en el despiece los dos llevan la misma letra de emparejamiento |
| Piñón cónico | El mismo tirón, después de haber cambiado solo la corona | Piñón con su eje estriado y el casquillo separador de los rodamientos |
| Correa de transmisión | La cuba gira despacio o se planta al cargarla, y chirría en el arranque | La correa del tipo que pide tu motor: cambia según sea monofásico, trifásico o de gasolina |
| Rodamientos y retenes del eje | Juego en la cuba, ruido continuo o grasa rezumando alrededor del eje | Rodamiento y retén de la medida de tu modelo, los dos con su código en el despiece |
| Sistema de volteo | La cuba no se queda bloqueada donde la dejas o cuesta girar el volante | Corona y eje de volteo, muelle y varilla de bloqueo del pedal |
| Motor e interruptor | No arranca, zumba sin llegar a girar o salta el magnetotérmico al cargar | Motor de la potencia que marca la placa e interruptor con protección contra puestas en marcha intempestivas |
Las piezas y sus códigos salen de los catálogos de recambio y de los despieces de fabricante; los avisos y las causas, de sus apartados de mantenimiento y de anomalías de funcionamiento.
Qué protecciones exige la normativa de equipos de trabajo a una hormigonera en obra
En obra una hormigonera no es un electrodoméstico: es un equipo de trabajo, y eso la mete de lleno en el Real Decreto 1215/1997. Su anexo I lo resuelve en una frase que vale para toda la máquina: cuando los elementos móviles puedan entrañar riesgos de accidente por contacto mecánico, deberán ir equipados con resguardos o dispositivos que impidan el acceso a las zonas peligrosas.
En una hormigonera esos elementos son dos, y cada uno lleva su pictograma de atrapamiento al lado: el engrane de la corona con el piñón y el juego de poleas con la correa. El resguardo tiene que ser de fabricación sólida y no debe ser fácil de anular, pero además tiene que poder quitarse para limpiar y engrasar: el que estorba acaba en el suelo del almacén.
El mando también cuenta, y es lo que más se descuida en una máquina vieja. La puesta en marcha solo puede hacerse mediante una acción voluntaria sobre un órgano previsto para eso; los mandos tienen que verse e identificarse; y el pulsador de parada va separado y pintado de rojo. La cuba tiene que poder bloquearse para que no vuelque sola.
La parte eléctrica es la que más se improvisa y la que menos margen deja. La máquina va conectada a tierra y el punto de alimentación necesita diferencial y magnetotérmico; a la intemperie, la recomendación técnica es el diferencial de alta sensibilidad, de 30 miliamperios. Y la manguera no se tiende por donde pasan vehículos ni personas.
Quedan los papeles, que son parte de la máquina aunque no pesen. El Real Decreto 1644/2008 obliga a que toda máquina puesta en el mercado lleve su marcado CE en la placa —visible, legible e indeleble—, su declaración CE de conformidad y el manual de instrucciones en castellano. Una hormigonera de importación sin esos tres papeles no sale barata: sale sin poder justificarse en una visita de obra.
- Resguardo del engrane corona-piñón entero, fijado y con sus pictogramas de atrapamiento legibles a los dos lados.
- Carcasa de poleas y correa puesta y en buen estado, también después de tensarla.
- Bloqueo del volteo funcionando: la cuba se queda donde la dejas y se libera con el pedal.
- Toma de tierra, diferencial y magnetotérmico en el punto de alimentación, y manguera fuera de las zonas de paso.
- Placa de características con el marcado CE visible, legible e indeleble, y el pulsador de parada rojo y separado.
- Manual en castellano y declaración CE de conformidad, en la obra y no en un cajón.
Lo que se pregunta antes de cargar la primera cuba
¿Cuánto hormigón amasa realmente una hormigonera de 160 litros?
Una hormigonera con cuba de 160 litros amasa entre 120 y 140 litros de hormigón según el modelo, nunca 160. Los fabricantes publican las dos cifras por separado —capacidad de la cuba y capacidad útil de masa— y la segunda va del 74 % al 88 % de la primera, porque el material necesita espacio libre para voltearse dentro y mezclarse. Con 120 litros cubres 1,2 metros cuadrados de solera de 10 centímetros.
¿Qué capacidad de hormigonera hace falta para una solera de 20 metros cuadrados?
Una solera de 20 metros cuadrados y 10 centímetros de espesor son 2 metros cúbicos de hormigón, es decir 2.000 litros. Con una hormigonera que amase 120 litros por vuelta salen 17 amasadas; con una de 230, nueve. La capacidad no impide hacer el trabajo con la máquina pequeña: lo que cambia es el número de vueltas y el tiempo de carga y de vaciado que hay detrás de cada una.
¿Qué se avería antes en una hormigonera?
La corona de la cuba y el piñón que la mueve son la avería clásica de una hormigonera. El árido que salta al cargar cae entre los dientes y, revuelto con la grasa, actúa como pasta abrasiva hasta redondearlos: la cuba empieza a dar tirones y a sonar a metal seco. Los fabricantes venden corona y piñón como recambio y en el despiece los identifican emparejados, porque se sustituyen juntos.
¿Qué diferencia hay entre una hormigonera eléctrica de 230 V y una de gasolina?
La hormigonera eléctrica de 230 V se enchufa a la red de la obra o de la vivienda y puede trabajar también en interior; la de gasolina lleva motor de combustión y su manual la limita a exteriores o a emplazamientos con ventilación equivalente a la del exterior. La eléctrica depende de que haya corriente y de la sección de la manguera; la de gasolina no depende de nadie, pero pide combustible, aceite y mantenimiento de motor.
¿Puede una hormigonera eléctrica funcionar con la instalación monofásica de una casa?
Una hormigonera eléctrica monofásica de 230 V funciona con la instalación de una vivienda siempre que el circuito aguante su potencia. Las compactas de 150 a 170 litros de cuba se mueven entre 0,3 y 1,1 kW y no dan problema; un motor de 3 CV, que son 2,2 kW, ya pide línea propia con magnetotérmico de curva motor de 15 A y su diferencial. En todos los casos hace falta toma de tierra.
¿Qué protecciones debe llevar una hormigonera para poder usarse en obra?
Una hormigonera en obra tiene que llevar el resguardo del engrane de corona y piñón y la carcasa de la correa, los dos íntegros y fijados, porque el Real Decreto 1215/1997 exige resguardos en todo elemento móvil con riesgo de contacto mecánico. A eso se suman el bloqueo del volteo de la cuba, el pulsador de parada rojo y separado, la toma de tierra con diferencial y magnetotérmico, y el marcado CE en la placa.
Maquinaria
Una hormigonera se elige por lo que amasa y por lo que se puede reparar
La máquina mal elegida no se nota el primer día: se nota a las diecisiete amasadas, o el día que salta un diente de la corona. Si prefieres decidirlo con la máquina delante, en Dyreco tienes maquinaria de obra con garantía y servicio propio en Mallorca y, detrás del mostrador, quien te enseña dos o tres opciones y lo que de verdad las diferencia.
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